lunes, 27 de julio de 2015

A LA VUELTA DE LAS VACACIONES


Gonzalo Gayo
Francia ha entendido que la profundidad de la crisis griega afecta a los cimientos de la propia UE. El diseño de una Europa basada en un euro al servicio de los intereses de Alemania  ha evidenciado la fragilidad de un proyecto que precisa de nuevas metas y objetivos que fortalezcan el pilar de la unión política y social.
Afortunadamente, de la mediocridad de gobernantes europeos surge la esperanza en el prsidente galo Hollande y la anunciada batería de propuestas que pondrá sobre la mesa de la UE este otoño. Dichas propuestas hablan de la  gobernanza económica basada en la participación y comprometida con las demandas de los ciudadanos en aspectos que abarcan desde la cobertura de desempleo, pasando por un salario mínimo interprofesional común o la creación de un Fondo Monetario Europeo con capacidad para intervenir en auxilio de futuras crisis en el viejo continente.
El  momento histórico que vive Europa reclama liderazgos capaces de fortalecer los instrumentos democráticos en las decisiones transcendentes para la economía europea y así poder conquistar espacios en el bienestar común de sus ciudadanos. Y en esa línea apunta el presidente galo con sus propuestas.
Es cierto que el tercer rescate de Grecia traerá sosiego durante el tiempo necesario para dar un nuevo impulso a una Europa que precisa de una Constitución que garantice los cauces de representación democrática, del diálogo y el consenso la construcción de un proyecto común y de futuro.
Sobre los términos del rescate griego significar que se ha ganado un tiempo necesario para que Europa fortalezca un proyecto común y creíble mientras Grecia se reinventa como país capaz de hacer frente a las desigualdades sociales y a las deudas contraídas. El tiempo dirá.
Señalan las fuentes diplomáticas del Eliseo que Hollande ya ha iniciado contactos con la canciller alemana Merkel para abrir la agenda de temas a tratar este otoño y al que deberían sumarse los actuales gobernantes europeos para que este mismo año se produzca el impulso que necesita con urgencia Europa. Esperemos que así sea.
Este otoño próximo también deberá traer soluciones en la política local, especialmente en el pacto social y económico que reclama la Generalitat Valenciana para adecuar una financiación autonómica justa y la puesta en marcha de un plan de empleo urgente que haga frente a la quiebra social que sufre el 30% de la población en esta región.  
La hoja de ruta trazada desde el ejecutivo valenciano ha logrado en tiempo record la adhesión de empresarios y sindicatos así como representantes de la sociedad civil para reivindicar una financiación equitativa entre los territorios y la población así como la necesidad de reducir una deuda histórica que hipoteca el presente y el futuro.
Además, a la vuelta de las merecidas vacaciones nos encontraremos con problemas añadidos ante el órdago soberanista de ciertos líderes de catalanes que tratan de imponer los egoísmos nacionalistas transformando unas elecciones autonómicas en un refrendo secesionista. Si  se aplicara la misma medicina en unas municipales en Cataluña se podría declarar la secesión de localidades de la propia Cataluña, lo cual sería otro sin sentido.
Los catalanes tienen suficientes problemas que resolver como para estar creando escenarios inciertos que conducen a ninguna parte. El papel de Cataluña en la España del siglo XXI es de liderazgo y de reconocimiento a una sociedad motora de progreso en el marco de un dialogo permanente capaz de dar respuesta y soluciones a los problemas  existentes.
La sociedad demanda liderazgos capaces de dar respuestas a los problemas de los ciudadanos, empezando por el desempleo, por los mecanismos de solidaridad que permitan el rescate de personas atrapadas por una crisis cruenta e impulsando el potencial económico que representa una juventud preparada para asumir retos y responsabilidades de futuro. Necesitamos hoy más que nunca sumar esfuerzos, superar dificultades desde el dialogo y priorizar en las tareas encomendadas por la sociedad para salir fortalecidos de un ‘tsunami’ financiero y económico que dejó en la cuneta a más de cinco millones de desempleados y casi medio millón de familias sin ingresos mientras la mitad de la floreciente juventud no encuentra empleo y encima se obliga a nuestros mayores a jubilarse a los 67 años con 38 cotizados. Cuanta sin razón.
Los aprendices de Lehman Brothers que diseñan la política económica de este país han hecho más ricos a los ricos y más pobres al resto de una población que reclaman un nueva política que apueste por el crecimiento sostenible y el empleo de calidad. No son palabras que se las lleva el viento, son hechos que han dado sus frutos en la política desarrollada por la administración Obama que ha sabido entender los beneficios de las energías renovables, de la excelencia de una economía social que convierte a EEUU en el país del mundo con mayor numero de cooperativas en todos los sectores productivos así como el apoyo al emprendedurismo. También, en la política de rescates en el sistema financiero o en el sector del automóvil Obama ha recuperado hasta el último centavo en las arcas públicas del dinero prestado en tiempos de crisis.
Tras las merecidas vacaciones llegará la hora de la verdad de un nuevo tiempo para Europa, también para España y para una Comunidad Valenciana que reclama otro papel en la historia. Y mientras tanto, toda la solidaridad a los transportistas españoles que recientemente sufrieron el brutal ataque en la frontera gala, como cada mes de julio en la barbarie y cobardía de un grupo de desarmados mientras la justicia francesa sigue mirando a otra parte.