lunes, 8 de abril de 2013

MERKEL Y RAJOY NOS LLEVAN A LA RUINA




Gonzalo Gayo/Valencia
EEUU, China y ahora Japón han puesto en marcha la máquina de fabricar dinero para estimular la economía. China lo viene haciendo desde su conversión mixta al capitalismo. EEUU lo anuncia para evitar el colapso de una deuda impagable y ahora Japón trata de alentar un consumo interno en retroceso. Hasta la Venezuela de Chávez dejo en su testamento político una devaluación histórica para poner alas a sus exportaciones.

Y mientras ¿qué hace Europa? La verdad, no se a que espera este caduco continente para lanzar un ‘plan Marshall’ para crear empleo pero mucho me temo que la Alemania de Merkel conducen a Europa a un suicidio económico para luego ostentar la hegemonía en el viejo continente. Hasta los acuerdos de junio pasado han quedado en papel mojado. Ni siquiera aquellas migajas para estimular el empleo y el crecimiento han visto la luz. Más bien al contrario.

Quieren que paguemos la crisis con sudor y lágrimas sin comerlo ni beberlo. Hemos llegado a la sin razón de pagar al contado un rescate bancario con la deuda que pagarán las futuras generaciones mientras los tipos de interés de la deuda pública en España asfixia la sanidad, la educación y los servicios públicos. Ni en Europa, ni en una España maniatada por Merkel y CIA se ha puesto en marcha un solo plan para acabar la pandemia del paro y de una recesión que asola a casi 30 millones de ciudadanos europeos, uno de cada seis es español.
Bien es cierto que países con un paro de dos dígitos se pueden contar con los dedos de una mano y España es líder absoluta sin que ni siquiera los partidos políticos, los sindicatos y empresarios hayan sido capaces de sentarse como una vez hicieran en los Pactos de la Moncloa. Sin duda que la situación aconseja dejar a un lado rodillos y batallas para sacar a este país adelante.

En la España con el mayor paro y la mayor deuda pública de la historia nos dedicamos a expulsar de nuestras fronteras a la generación de jóvenes más brillante de la historia, a condenar a nuestros mayores al desahucio y la exclusión cuando no pueden hacer frente a la hipoteca mientras aparece día si día también la amenaza consumada de recortes tras recortes.

Y mientras asistimos atónitos ante el momento histórico que nos toca vivir, nuestros gobernantes siguen actuando al dictado de una banca que dispone a su antojo del dinero público para tapar sus agujeros, su avaricia y sus errores. Nuestros empresarios, líderes en despido, celebran también la desactivación de derechos de los trabajadores tras la última reforma laboral, sin arrimar el hombro, sin entender que el objeto social de cualquier empresa. Ni de lo poco bueno que hizo Alemania hemos aprendido la lección. Allá en tierras de la Merkel empresarios y trabajadores acordaron no despedir para repartir mejor el trabajo disponible. O en tierras finlandesas, donde la banca responde de sus errores dejando en paz a los ciudadanos.

O es que acaso, ¿alguien en este país sabe cuándo piensa la banca quebrada español devolver los más de 100.000 millones recibidos de las arcas públicas, a qué tipo de interés y en que plazos? ¿Les desahuciaremos si no pagan, enviaremos a las fuerzas de orden público para detener y juzgar a los responsables?
Nos estamos condenando con una política errónea, que empeora día tras día para   incrementar la deuda pública y sus intereses hasta un 80% de la riqueza generada en este país, provocando más paro y más recortes para pagar más intereses y generar más déficit. Nos han metido en el pago de una gran estafa mientras en el en el último informe de Unicef se afirma, que en la España del siglo XXI hay 2,5 millones de niños mal alimentados, que sufren junto a sus familias el rigor de la supervivencia bajo el umbral de la pobreza mientras crece el abismo y la ruptura social que condena a los más débiles.

A la avaricia de la banca y quienes especularon con el derecho a una vivienda digna, a los políticos incompetentes que dejaron asolados las cuentas públicas para mayor gloria de sus bolsillos. A los corruptos que se filtran en las instancias del poder para luego desaparecer sin devolver un euro de lo sustraído. Ellos son los culpables, y no otros.
Europa debe inyectar liquidez para financiar el cambio de un modelo productivo eficiente, generador de empleo y riqueza, de manera sostenible. Está obligada a ello, tras la batalla mundial que se está librando en los mercados de divisas con devaluaciones encubiertas en todas las latitudes del planeta. Es urgente que lo haga antes de que el euro salte por los aires y lo debe hacer pronto, con valentía.

Creen los alemanes, holandeses, austriacos y finlandeses que saldrán de esta apretando la soga a los países del sur pese a que hasta hace bien poco éramos de los países menos endeudados de la Unión. Piensan que en esta batalla se establecerá una nueva hegemonía económica a su imagen y semejanza. Y se equivocan. Serán los  primeros en caer, en quebrar su estado del bienestar insostenible con una población envejecida sin el relevo adecuado. Sus empresas no tendrán la capacidad de respuesta ante la enorme OPA hostil que se adivina en los mercados de divisas, dejando de ser competitivas, para acabar siendo arrastradas por el tsunami chino o las hordas niponas o norteamericanas.

Lo verán nuestros ojos sino somos capaces de responder con más Europa y unidos ahora como nunca hasta la fecha.