lunes, 28 de enero de 2013

Con el agua hasta el cuello


Gonzalo Gayo / Valencia 
Como cada año por estas fechas, los agricultores de la cuenca del Ebro afectados por la última crecida evalúan los daños causados en todos sus cultivos y sus infraestructuras tras las inundaciones y desbordamiento ocurridos la semana pasada.
En la cuenca del Ebro en Navarra, unas 600 hectáreas se han visto anegadas en Ribaforada, entre 700 y 800 en Buñuel, alrededor de 400 en Valtierra, entre 700 y 800 entre Arguedas y Murillo, a la que hay que sumar una superficie, sin cuantificar en la zona de Cabanillas, Castejón y Cadreita y así hasta un largo etcétera hasta sumar casi 10.000 hectáreas anegadas sumando las tierras afectadas de Aragón.
Las pérdidas económicas de los agricultores por la riada sobrepasarán los 15 millones de euros, según la primera valoración realizada, si bien quedan por ver los daños materiales en infraestructuras y viviendas, así como la repercusión en el futuro para frutales y otros cultivos. También las fuertes precipitaciones que han caído sobre en Lugo ha desbocado el caudal enfurecido de río Miño provocando importantes inundaciones.
Las organizaciones agrarias advierten que las inundaciones se repiten cada año y que dejan importantes pérdidas a los agricultores afectados por lo que piden que se limpie el cauce para hacerlo más profundo en vez de albergar la solución de un mejor reparto del agua que evite las inundaciones con los trasvases a otras cuencas deficitarias. Y es que al sur de Miño, los embalses están bajo mínimos mientras en tierras del sudeste seguimos mirando como los embalses están medio vacíos o medio llenos, según se mire.
Y es que en pleno siglo XXI seguimos con la mismas política hídrica de siempre, gota que caiga para el que la pille, aunque acabe con el agua hasta el cuello como sucede año tras año en el rio más caudaloso de España, apropiado por unos y los otros, como si el hecho de ceder agua sobrante fuese una cesión de una propiedad privada cuando el agua es un bien público de todos los españoles, al margen de la lotería de caiga donde caiga.
Señalan los agricultores de la Ribera del Ebro que no pueden entender que sus producciones cada año se vean anegadas, con importantes pérdidas, por las riadas del Ebro, y lo comprendo. De la misma manera que razón no falta para quienes aspiran a que el rio más caudaloso de este país pueda ofrecer sus sobrantes para que en vez de provocar inundaciones en unos lugares y sirva para regar en otros lugares sedientos. No se entiende que a estas alturas del siglo XXI no se pueda arbitrar soluciones que de aprovechamiento a las aguas que causan daños para que puedan ser aprovechados en llenar embalses en el sudeste español o en la cuenda del Duero por poner dos casos.
Las manifestaciones de antaño en contra del trasvase del Ebro ahora se han transformado en concentraciones ante la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) convocada por la Plataforma de Afectados por la inundaciones, el pasado domingo.
Dicen los afectados que con un caudal de 2.200 metros cúbicos se ha desbordado cuando hace diez años, en el 2003, tuvo que alcanzar los 3.300 metros cúbicos para saltar los diques.
Lo que ni se plantean es que ni el daño causado cada año por los desbordamientos, ni las ingentes cantidades de agua vertidas al mar son suficiente razón para abordar un trasvase de agua por sentido común. No les hablo de unos partidos políticos que cambian de parecer o utilizan la bandera de las necesidades de unos contra otros. Creo sinceramente que los agricultores de una y otra cuenca se bastan para arbitrar soluciones que satisfagan a todos, por el bien de todos.
Constatan los agricultores aragoneses y navarros que las inundaciones se han convertido en algo cíclico, que cada cuatro o cinco años los agricultores pierden sus cultivos por lo que piden hacer más hondo el rio en vez de abrir la mano a la solidaridad con otras cuencas, otras regiones y otros ciudadanos que precisan del agua para vivir aunque solo sea para que otros no acaben con el agua hasta el cuello.
Al sur del Miño desbordado, el nivel de agua embalsada en la cuenca del Duero está en niveles preocupantes en torno a un 40%, muy por debajo de un año medio. De hecho estos niveles son los mismos con los que en 2006 se colocó el cartel de sequía intensa. Al sur del Ebro desbordado está la cuenca del Segura que anda por el 51% y del Júcar entorno al 40% mientras río Ebro a su paso por Tortosa, cerca de la desembocadura, superó esta semana pasada los 1.300 metros cúbicos por segundo. Desde la semana pasada se está desembalsando al mar entre 85 y 110 hectómetros cúbicos por lo que habría bastado apenas cinco días para cubrir todas las necesidades de la cuenca del Segura y evitar inundaciones. Esperemos que algún día se imponga el sentido común, desde la fraternidad y la solidaridad de los agricultores sin más intermediarios en sus razones que el esfuerzo para salir adelante y construir un futuro mejor para todos.