domingo, 24 de noviembre de 2013

Consume productos locales


La naturaleza nos ofrece lo mejor para nuestra salud gracias a los agricultores y a su sabiduría siendo los productos locales, por su frescor y riqueza alimenticia los mejores.
Comer productos locales de nuestra huerta y de nuestros agricultores es fundamental para una economía sostenible y el desarrollo local. Un euro gastado en productos cercanos genera el doble para la economía local. Además, los productos son más fresco y evitamos el transporte desde grandes distancias tras haber permanecido semanas en congeladores.
Los alimentos de proximidad saben mejor. Un producto recolectado en su punto óptimo de maduración tiene mucho más sabor que uno recolectado prematuramente. Además, contribuimos a reducir emisiones de gases contaminantes al evitar el transporte de un petróleo que no tenemos.
El cuerpo agradece que consumamos productos de temporada y además son más baratos. Siempre es más reconfortante sentarte a comer sabiendo de donde proceden los productos, conociendo al panadero, al agricultor, etc. y sabiendo cómo trabajan. Con este simple gesto contribuimos también a crear empleo ya que un agricultor que no produce industrialmente puede dedicarse a producir una variada gama productos, creas empleo en tu zona e impide que surjan monopolios que alteran los precios de origen. De hecho, el 80% de los productos se distribuyen en España por pocas empresas que imponen los precios finales y que se produce y como. Apoyar a los pequeños productores sirve para luchar contra esto. Comprando a los productores locales apoyas el desarrollo sostenible de sus tierras y negocios. Con ingresos dignos los productores locales permanecerán y utilizarán sus recursos generando riqueza y empleo para su comunidad.
Hay que relocalizar de nuevo la economía, descentralizarla, hacerla realmente sostenible.  Porque el consumo de productos biológicos locales ahorra energía y nos hace menos dependientes del petróleo. Porque una economía local fuerte y sólida evita las migraciones que desestructuran nuestras familias, porque si el campo se desertiza de personas desaparece la cultura, las tradiciones, la diversidad biológica y la calidad de los productos locales. Porque el consumo local protege nuestros pueblos y la biodiversidad cultural; porque protege lo propio, lo cercano, y mira siempre con suma responsabilidad a las generaciones futuras.
Con el otoño llegan los cítricos para protegernos de enfermedades, y son nuestro mejor aliado a la hora de defender el sistema inmunológico de nuestro organismo.
Las frutas de temporada como las naranjas son imprescindibles en la dieta de una persona dada su rica variedad de vitaminas, minerales y sustancias necesarias para el buen funcionamiento de organismo. También el consumo de verduras contribuye a un cuerpo y una mente sana, especialmente en el caso de los más pequeños que las necesitan para garantizar un buen crecimiento saludable.

¿Pero por qué es tan importante consumir verdura? Este alimento contiene un importante nivel de nutrientes, vitaminas y proteínas que resultan fundamentales para la salud de los más pequeños. Las frutas y las verduras son la fuente principal de vitaminas, necesarias para hacer frente a agentes externos y para aumentar nuestras defensas. Las verduras tienen un bajo contenido en grasa por lo que son muy beneficiosas para prevenir la ya tan frecuente obesidad infantil. En este sentido podemos afirmar que en casos de prevención o tratamiento de obesidad infantil es fundamental el consumo de verduras para reducir el nivel de grasa en los más pequeños.
Las cebollas, zanahorias o patatas son muy beneficiosas para curar heridas y agilizar la cicatrización de esas heridas que son tan comunes en los más pequeños. También, la remolacha, el apio, la soja, los guisantes, las habas, las judías verdes, cebollas y  patatas ofrecen al organismo de los más pequeños un alto contenido en calcio que ayuda a fortalecer los huesos en etapas de crecimiento.
Las verduras son un importante aliado para prevenir enfermedades que afectan al sentido de la vista y del oído, de tal modo que consumiendo por ejemplo zanahorias conseguimos mejorar la salud visual mientras que con el consumo de cebolla fomentamos la salud auditiva. Además, las verduras ayudan a prevenir enfermedades sino que también son recomendables para tener una mejor salud física ayudando a tener una piel más suave, un pelo más fuerte y unos dientes más sanos.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Una economía social y responsable


Gonzalo Gayo

Me preocupa que de esta crisis salga victoriosa la cobardía del sálvese quien pueda e impere un nuevo tiempo de hombres y mujeres temerosos por su puesto de trabajo, por su sanidad, por sus jubilaciones, por sus ahorros y por la futura educación de sus hijos. Me preocupa que aparquemos la solidaridad debida a los más débiles y que los egoísmos de unos pocos sigan sometiendo al resto de ciudadanos. Me inquieta que los casi 6 millones de parados y paradas en este país no sean visibles más allá de las frías estadísticas sin que hasta la fecha no haya un plan de rescate como el de la banca o el sector del automóvil que ha sido dotado con generosidad con dinero público.
Me indigna que los directivos de las entidades financieras intervenidas por el Estado estén cobrando indemnizaciones millonarias e incluso alguno dando charlas sin antes pasar por el banquillo de una Justicia que en demasiadas ocasiones mira hacia otra parte. Me sorprende que el mayor desastre ecológico sufrido en Europa se haya saldado con pasar página, como si el Prestige hubiera sido un mal sueño de una noche de verano.
Me asaltan las dudas de una crisis a la que algunos ven la luz de la salida del túnel tras anunciar a los cuatro vientos el final de un rescate bancario que costó 41.500 millones de euros y aun seguimos sin saber cómo piensan devolvérnoslo. Más barato nos habría salido cerrar aquellas entidades quebradas y poner a buen recaudo sus clientes en otras cajas o bancos responsables y eficientes. Cuanto empleo y cuantos recortes nos habríamos evitado si el dinero público se hubiera utilizado en potenciar una economía competitiva, generadora de empleo y riqueza en vez de tener que pagar ahora una deuda insostenible del 95% del PIB.
No es posible salir de esta crisis sin que los errores cometidos sean afrontados y solucionados y menos aún sin crear empleo. Empezando por la responsabilidad de las entidades financieras que deberán de devolver hasta el último céntimo de dinero público y someterse a mecanismos de control, una mayor regulación y un compromiso social respecto a sus clientes. Es urgente aplicar la tolerancia cero a una corrupción que aun hoy cuesta 10.000 millones al erario público sin que hasta la fecha se hayan puesto los medios, ni siquiera producido un gran pacto contra esta lacra que asola la confianza de los ciudadanos. Son necesarios mecanismos de control, transparencia y una justicia eficiente y resolutiva para poner fin a este cáncer del sistema democrático.
Es posible que todo ello no esté en nuestras manos pero frente a tanta resignación y miedos es posible un cambio real si cada uno logramos actuar consecuentemente con los valores que predicamos y que en demasiadas ocasiones se los lleva el viento. A los servidores de lo público debemos exigirles transparencia, honestidad, humildad, que sepan escuchar y den cuentas de su trabajo al servicio de los ciudadanos.
Debemos también ser conscientes que podemos cambiar los comportamientos de las empresas y las entidades financieras desde la fuerza que tiene cada acto de consumo individual, preguntándonos en aquello que compramos o el servicio que contratamos a quién beneficia o que hacen con nuestro dinero.
Si usted compra fruta, hortalizas y productos de su tierra sabrá de su calidad, quien la produce y con su acto generará empleo y hará justicia a tanto esfuerzo. Si a la hora de contratar los servicios de un banco o una caja analiza su transparencia, la democracia de los actos de la entidad, lo que cobran sus directivos o la responsabilidad social asumida estará contribuyendo a un verdadero cambio para salir de esta crisis. Le sorprenderá saber que hoy en España las principales entidades financieras que apuestan por la responsabilidad social tienen un ratio de solvencia muy superior a la banca tradicional. Pregunte por las diferencias salariales en una banca que mantiene proporciones de 1 a 1.800 veces de diferencia frente a otra forma de hacer banca con diferencia de 1 a 6 como máximo.
Posiblemente en su entorno habrá observado la creación de cooperativas de trabajo asociado, de una economía social que ofrece servicios, educación y productos que desarrollan trabajadores que perdieron su empleo y que se suman a una economía social con fórmulas socialmente responsables y democráticas. En el próximo año, se anunciará la creación del Banco Cooperativo Europeo y otras entidades financieras surgirán también desde iniciativas ciudadanas que han puesto en marcha en nuestro país más de 70 monedas sociales.
Sepa que el 75% de las nuevas cooperativas o sociedades laborales sobreviven mas allá de los 3 años mientras el 80% del resto de empresas de corte tradicional no supera los tres años de vida. Sorprende que en un país con casi 6 millones de personas sin empleo, con el 50% del talento de nuestros jóvenes en paro, no se apoye una ley de economía social aparcada desde 2011, sin dotación, ni reglamento pese a que permitiría sumar iniciativas emprendedoras para aunar talentos que generen empleo y riqueza. En Andalucía encontramos la respuesta ya que han sabido potenciar las ventajas que ofrece la economía social para situar a esta región en la vanguardia de Europa en la agricultura ecológica o en países pioneros como en Israel.
Creo que de esta crisis se sale también desde la responsabilidad de cada uno, sabiendo que nuestras dediciones en el consumo deben tener también el componente del bien común, de ofrecer el apoyo y reconocimiento a nuestros agricultores, de apoyar a las entidades financieras que reinviertan allá donde obtienen sus beneficios, de las empresas que crean empleo y asumen una responsabilidad social en su comportamientos y formas de actuar. Es posible y podemos hacerlo para que de esta crisis salgamos fortalecido como sociedad y como país. El reto merece la pena, al menos intentarlo.