viernes, 30 de julio de 2010

Un test de estrés a la agricultura

No diré que me saltaron las lagrima de emoción cuando el viernes pasado un grupo de expertos anunciaron a los cuatro vientos que todos los bancos españoles habían superado el test de estrés, así como la mayoría de las cajas de ahorros, exceptuando cuatro grupos de cajas y la cordobesa CajaSur, que requerirían aportaciones adicionales de capital que sumarían 2.043 millones de forma conjunta. Aportaciones que por otra parte están a disposición de estas ineficientes entidades y a cargo de fondos alimentados con el erario publico para cuando quieran, antes de fin de año.
Quizás el único consuelo es que en España no ha habido que nacionalizar un gran banco quebrado como en Alemania o inyectadas ingentes cantidades de dinero público como ha ocurrido en Holanda o Reino Unido o descubierto agujeros negros en las cuentas de un gran banco francés o en Wall Street.
Y digo que no me saltaron las lágrimas por lo bien que se lo ha montado el sistema financiero a la hora de que otros carguen con los números rojos o los resultados ficticios de un test de estrés mientras el sistema productivo y especialmente los cuatro millones de desempleados exigen medidas que incentiven el empleo más allá de reformas en el BOE.
Además, seria interesante someter a nuestros agricultores a otro test de estrés porque seguro que saltarían los plomos aunque dudo que las autoridades europeas fueran tan generosas como cuando la banca estornuda mientras el campo firma su defunción.
Veamos. La renta agraria total en España descendió un 5,6% en 2009, pasando de 12.080 millones de euros en 2008 a apenas 11.404 el año pasado. Y no es que haya sido un mal año, es que llevamos así casi una década sin levantar cabeza con una caída de la renta agraria acumulada del 26,4% desde 2003, lo que ha contribuido a que el poder adquisitivo de nuestros agricultores sea un 17,2% menor que la renta que disfrutaban en 1990. Es la década perdida, con ingresos de hace 20 años pero con costes de 2010. Una autentica ruina.
No se si habrá algún otro sector que sufra tanto como el agrícola pero a tenor de los resultados lo cierto es que la PAC ha fracasado mientras el necesario apoyo no llega a los ciudadanos del campo.
El empobrecimiento en la renta de nuestros agricultores conlleva grandes sacrificios pero tambien una reconversión silenciada que en cualquier otro sector requeriría sin dudarlo ingentes cantidades de ayudas como ha ocurrido en la minería, la siderurgia o ahora la banca. En apenas un año se han perdido 36.600 empleos a tiempo completo en el sector y representa un 3,9% del poco menos de un millón de agricultores que viven en España. Pero llueve sobre mojado y desde 2003 hemos perdido más de 140.000 agricultores que abandonaron el campo por su falta de rentabilidad y sin que nadie la voz de alarma.
Los test de solvencia al sistema bancario ha puesto de manifiesto la solidez de la banca y la disponibilidad de casi 3,000 millones para que las cajas que no aprobaron dispongan a su antojo. Un tes de solvencia que en el caso de la agricultura con una perdida del 26% en la renta agraria y 140.000 empleos en apenas seis años pone de manifiesto la urgente necesidad de ayudas y políticas agrarias eficientes. Y es que hoy más que nunca las administraciones deben apoyar a los productores y corriejir la especulación que sufren por imposición del oligopolio comercial.
En el origen de la asfixia a la que se somete a los agricultores esta la miseria que se paga en el campo a quienes dedican el esfuerzo y asumen los riesgos de las cosechas frente a quienes incrementan en un 447%, según el índice de precios en origen y destino de los alimentos (IPOD) en el mes de junio. Entre los productos con mayor diferencial destaca la sandía con una diferencia del 990% este mismo verano y la alcachofa, con el 844% por ciento. El precio de los productos del campo sufre un encarecimiento del 447% desde la huerta a los supermercados y sin embargo nada se hace desde Bruselas, Madrid o Valencia.
Para colmo los agricultores deben soportar las plagas, las sequías o las lluvias torrenciales sin que las ayudas lleguen ni los créditos se concedan cuando apenas quedan fuerzas para exigir justicia como los afectados por el virus de la sharka, enfermedad que afecta a algunos frutales de verano y que llevan desde 2008 sin cobrar lo comprometido por la conselleria.
Pero por mucho que se empeñen en dar la espalda a los agricultores parece evidente que será preciso incrementar la oferta mundial de alimentos y materias primas frente a una miopía de politica agraria europea que busca la asfixia de un sector para liberar recursos financieros para otros sectores.
Ante las previsiones de que para 2050 la población mundial llegará a 9.000 millones de personas, la producción de alimentos tendrá que aumentar, e incluso duplicarse si no queremos sufrir una crisis alimentaria de impredecibles consecuencias en el orden mundial.
Nuevas inversiones, mejoras tecnológicas, uso razonable del agua en regadío, material genético adecuado, y en general, todo lo que corresponda al reto del I+D en la agricultura, puede y debe utilizarse de una forma compatible con el respeto al medio ambiente, la lucha contra el cambio climático y una renta digna para nuestros agricultores. Es hora de que las administraciones atiendan a nuestros agricultores con justicia y atendiendo a una realidad preocupante que requiere de medidas urgentes y de un plan estratégico que genere empleo, progreso y justicia.