martes, 6 de octubre de 2009

El entierro de la agricultura


La verdad es que cuando en Bruselas se ponen manos a la obra no hay quien les pare. Sobre todo para hacer normas y más normas, sin ver más realidad que la que luce bajos sus luces de neón y acomodados despachos. Y no es que me desagrade la idea de armonizar el uso de pesticidas o que traten de prohibir el 66% de productos utilizados hasta la fecha. El problema es quién va a pagar la factura y mucho me temo, que como siempre serán los que trabajan de sol a sol haga frío o calor.
La nueva normativa fitosanitaria es si duda un trabajo de leones que acabaran pagando los agricultores de su bolsillo, ya que la industria farmacéutica lo tiene claro, o lo pagas o te arruinas.
Lo que me llama la atención de este asunto es el rigor y el profundo estudio que los funcionarios de Bruselas han realizado para determinar entre cientos de productos, los que valen y los que deben morir. Y lo han hecho a conciencia, siguiendo el rastro de las marcas y componentes, con profundos estudios de investigación y ensayos, dejándose aconsejar por expertos y ecologistas para al final proclamar a los cuatro vientos que Europa tiene la legislación más avanzada y ecológica en la lucha contra las plagas y que será de obligado cumplimientos para sus agricultores, y ya veremos con el resto.
Y digo que me llama la atención tanto rigor y tantos medios para determinar la trazabilidad de los pesticidas que bien podrían hacer lo mismo con los precios de ruina que sufren los productores mientras unos cuantos distribuidores se llenan los bolsillos con prácticas oligopolísticas. Y es que a estos señores de Bruselas, tan cercanos y sumisos ante la industria farmacéutica bien les vendría pasar un tiempo en el campo como condición previa a ocupar un sillón de funcionario o alto cargo relacionado con la agricultura.
Y es que puestos a luchar contra las plagas que menos que acabar con la especulación en el campo y esas ‘garrapatas’ que chupan la sangre de nuestros agricultores haciéndoles creer en las bondades de una legislación que olvida dar apoyo y recursos a los verdaderos protagonistas de una agricultura más ecológica. Les contaré una anécdota sin mencionar nombres. Durante unas jornadas celebradas en Valencia sobre la nueva normativa de plaguicidas dos altos funcionarios de Bruselas realizaron una videoconferencia para explicar los meritos del paquete legislativo que les caería a los agricultores apenas 48 horas después. Claro esta, sin ayuda conocida, porque ni se lo plantean. Pues bien, mientras intervenía uno de los ‘sabios’ en la lucha contra la plagas la otra funcionaria se puso a hablar apasionadamente por su teléfono móvil sin caer en la cuenta de que estaba siendo escuchada su conversación a mil Km. de distancia. Y tan fresca como una lechuga hasta que el moderador desde Valencia le llamo la atención, con cortesía pero sin dar crédito a tanto desatino.
No se si fue una revelación, una mas de tantas. Pero cada dia que pasa y son ya muchos años creo que el mal de la agricultura mediterránea y por extensión la europea está en los despachos de Bruselas, Madrid o Valencia ante tanta falta de sensibilidad y justicia hacia los agricultores. Hasta el punto que el arranque de cepas, el abandono del campo y la ganadería pasa a ser galones colocados en la solapa de algún mediocre funcionario con aspiraciones a conseller, ministro o comisario para justificar que lo que se recorta por ahí sirve para otros menesteres, como por ejemplo la financiación de la UE a los países del Este, y en esas estamos.
Esta semana los agricultores de AVA protestaban. No por las perdidas de las lluvias, o las atrasadas sequías. Ni tan siquiera por el abandono de Bruselas en la ayuda contra las plagas, ni apenas lamentar que un año más pese a las excelencias de cosechas en el vino se tengan que arrancar miles de cepas. Protestaban por el entierro de la agricultura, porque ya no pueden más. Porque están hartos de aguatar carros y carretas para empobrecerse cada año, para no dejar más que miseria a sus hijos que acabarán por vender un puñado de tierras con los que otros plantarán pilares de cemento o campos de golf.
Los agricultores están hartos de tener que aguantar a tanto recién titulado que pretende dar lecciones con normativas huérfanas de sentido y apoyo a los protagonistas de que podamos comer, estar sanos y vivir felices. No aguantan más tras cada jornada de sol a sol, sufriendo por el tiempo, por la sequía o las inundaciones, expuestos a todo para no recibir nada de nada.
Me revelo ante la injusticia hacia las mujeres y los hombres del campo, porque no se les reconoce su esfuerzo con el precio que merecen mientras los ‘brokers’ del trabajo ajeno hunden en la miseria a unos y a otros con una simple llamada para que un buque cargado de contenedores llegados de no se sabe donde acabe por arruinar el mercado. Los precios por los suelos, los ánimos también y así nos va, a punto de enterrar a la mejor agricultura del mundo mientras tenemos que lamentar hoy la generación de niños españoles que menos frutas y verduras come en la reciente historia. Y lo pagaremos caro con otras plagas en forma de enfermedades y con la falta de alimentos ecológicos porque cada dia habrá menos agricultores dispuestos a soportar tanta tiranía e injusticia.
Un consejo, si me lo permiten, alimenten bien a sus hijos y cuídense mientras podamos comer productos frescos del campo y no olviden comer naranjas, la gripe A esta cerca.
Gonzalo Gayo