martes, 8 de septiembre de 2009

Agricultura, sector estratégico y sostenible


“La agricultura debe ser un modelo de excelencia, que asegure a los productores un ingreso estable y decente, que participe en el desarrollo sostenible, que preserve la diversidad de las producciones en todo el territorio y que garantice alimentos sanos”. Estas palabras pronunciadas por el ministro galo Le Maire ante los agricultores de Châlons-en-Champagne apuntan el camino a seguir y que sin duda se abrirá paso en una Europa que debe propiciar un nuevo impulso en la economía sostenible.
En este sentido apuntan los primeros esbozos de unos presupuestos para el 2010 en España tras el anuncio de una Ley de Economía Sostenible que recogerá un fondo de 20.000 millones de euros para financiar, a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO), proyectos de innovación, tecnología, energías renovables y ahorro energético y en la que también debe tener cabida la agricultura y ganadería ecológica. En este sentido también apunta el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino con un nuevo Programa de Desarrollo Rural Sostenible y que sin duda debe ser el pilar que una todos los esfuerzos de las administraciones en apoyo a nuestros agricultores y ganaderos para la modernización de su actividad económica y empleo, mejora de infraestructuras y equipamientos básicos, servicios y bienestar social, y medio ambiente y agua como principales pilares de actuación. Estos aspectos serán debatidos en las Mesas de Asociaciones que se reunirán el próximo día 18 y en el Consejo de Medio Rural del 22 de septiembre y que sin duda constituye una de las mesas de negociación más importantes para asentar la mejora en el desarrollo sostenible del campo.
Al incuestionable potencial agrícola y liderazgo de España hay que añadir que somos el cuarto país europeo y el sexto en el ámbito mundial en patentes de energías renovables y contamos con empresas líderes en energía eólica, solar y biocombustibles que da empleo a 175.000 personas y que se prevé duplicar en un periodo de diez años. Nuestra diversidad de climas y territorios ofrecen un sin fin de nuevas oportunidades de desarrollo en nuevos productos agrícolas y energías de futuro que se debe potenciar con el apoyo de las administraciones y que sin duda serán un factor decisivo en la generación de empleo y riqueza.
No se puede hablar de una economía sostenible sin una agricultura moderna y ecológica, en la que se reconozca el esfuerzo y las rentas de los agricultores para el progreso de la sociedad y en las enormes posibilidades de nuevos cultivos para abastecer a un mundo globalizado que en apenas 15 años duplicará su demanda de alimentos por el incremento de la población y también de las rentas de los países en desarrollo. Es necesario pues implementar los 20.000 millones (la mitad, dinero privado) para dar ayudas a la reconversión del sector de la construcción en sector de rehabilitación de edificios, el fomento de las energías renovables, proyectos de I+D para que también la agricultura participe del necesario apoyo en su modernización con el apoyo de las administraciones en estos momentos en los que se cocinan los presupuestos.
Otro fondo de 5.000 millones sustituirá al Plan de Empleo Local, pero obligará a los ayuntamientos a invertir en proyectos de rehabilitación energética de edificios o en renovables y que también debería contar planes específicos en el cuidado de los bosques y desarrollo de la biomasa como estrategia energética y limpieza de bosques. Los cultivos agrícolas y los bosques tienen un importante papel como capturadores de CO2 y si los estados pagan por sus excesos de emisiones, también deben recompensar a los agricultores por reducirlas y evitar aun más el calentamiento del planeta. La próxima cumbre sobre el cambio climático, que se celebra en Copenhague a finales de año, tiene en su agenda la idea de dar dinero a los planes de secuestro de carbono con árboles y es preciso que sean también los agricultores quienes reciban su justa recompensa.
La agricultura debe ser considerada un sector estratégico de primer orden por los bienes que produce para una alimentación saludable pero también por las oportunidades en una industria agroalimentaria que representa un 2% del PIB europeo y produce un 13,5% del empleo del sector manufacturero dentro de la Unión Europea, a través de más de 300.000 empresas, la mayor parte de ellas pymes.
Europa necesita salir de su larga etapa de reformas institucionales, volver a ocuparse de asuntos que interesan a la ciudadanía y, sobre todo, forjar por fin una posición común en la que se apueste por una agricultura competitiva como es la mediterránea que garantice el verdadero desarrollo sostenible y saludable.
La Presidencia española de la Unión Europea en el primer semestre de 2010 será un momento clave y una oportunidad única para influir en el futuro de la PAC después de 2013 y España debe tener claro que se necesita una política agraria fuerte, estable y que esté dotada de presupuesto suficiente que garantice a nuestros agricultores un futuro digno del que sin duda nos beneficiaremos todos en su labor y buen hacer.
Cada vez más se oyen voces que apuntan que el sector agroalimentario español debe ser considerado como estratégico y prioritario, por lo que las distintas administraciones tienen la necesidad y la obligación de defenderlo y en ese camino nos encontraremos todos en apoyo a nuestros agricultores.
Gonzalo Gayo