domingo, 6 de septiembre de 2009

Gonzalo Gayo Corbella: ´Ser vaqueiro es una cuestión de apellidos y orígenes, no de profesión´


http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2009/08/24/comunitat-valenciana-gonzalo-gayo-corbella-vaqueiro-cuestion-apellidos-origenes-profesion/623961.html

Presidente de la Asociación Cultural de los Vaqueiros de Alzada. Gayo nació en Valencia hace 46 años, pero tiene sus orígenes en la braña de Argumoso. Periodista, casado y padre de tres hijos lucha insistentemente por los derechos del pueblo que lleva sus raíces.


CRISTINA LAMAGRANDE VALENCIA
Los orígenes siempre llaman a la puerta. Y fue justamente eso lo que le ocurrió a Gonzalo Gayo. El valenciano, que sabía de sus raíces asturianas, desconocía, sin embargo, cualquier información relacionada con la cultura vaqueira. Sus antepasados pertenecieron al pueblo vaqueiro hasta que su familia emigró de los montes de Asturias hace tres generaciones.
¿En qué momento toma conciencia de su condición de vaqueiro de Alzada?
Fue por casualidad. Yo sabía que mi familia provenía de Asturias, pero la información que yo tenía al respecto era muy pobre. Un día, cuando yo todavía ejercía como periodista en Valencia, un familiar me llamó y quedamos para comer. Él fue quien me explicó toda la historia. Y a raíz de eso fui a Asturias a conocer mi historia y la de mi familia. Y una cosa llevó a la otra. Cuando quise darme cuenta estaba muy, muy metido en las montañas. Sin quererlo, ni darme cuenta, al final decidí quedarme aquí.
¿Cómo un periodista valenciano llega a ser vaqueiro?
Ser vaqueiro es una cuestión de apellidos, descendencia y antepasados. Soy vaqueiro porque me apellido es Gayo y soy de Asturias. Los vaqueiros se distinguen por los apellidos, como Gayo, Feito, Barrero o Lorences, entre otros. Mi bisabuelo salió de Asturias y fundó una carbonería en Madrid, mi padre llegó a Valencia, y yo hice mi vida allí, en la Comunitat, hasta que decidí volver a Asturias. Muchos somos descendientes y otros sólo llevamos el apellido, pero el origen es el mismo para todos.
¿Es usted periodista de profesión y vaqueiro de corazón?
No, soy vaqueiro de ADN. Porque mis antepasados son de allí. Yo no me dedico a la ganadería, me dedico al periodismo. El ser vaqueiro está en el apellido, no en la profesión. En la braña de Argumoso han vivido durante los últimos 400 años todos mis ancestros y es una aldea de 28 casas. Mi corazoncito está allí, pero ante todo, sigo ejerciendo como periodista.
¿Qué significa ser vaqueiro?
Los vaqueiros de Alzada son una población que durante siglos ha vivido en las montañas de Asturias y cuya principal actividad era la ganadería. En un momento determinado, en la sociedad asturiana se produjeron distanciamientos y enfrentamientos con la población de abajo, los saldos, principalmente por cuestiones económicas. También formó parte la Iglesia, que discriminó a los vaqueiros por su superioridad.
¿Cómo surgió la Asociación Cultural de los Vaqueiros de Alzada de la que es presidente?
La fundamos hace 9 años en la casa de la cultura de Tineo para de alguna forma recuperar las tradiciones, la cultura vaqueira y luchar por que se hiciera justicia con el pueblo vaqueiro en Asturias. De hecho, una de las grandes cosas que se consiguió es que la iglesia rectificara en sus actuaciones históricas. El párroco de Tineo pidió perdón públicamente en una carta parroquial a los vaqueiros por las injusticias que se habían cometido en el pasado.
¿Cuál es la lucha actual de la asociación?
Intentar recuperar las tradiciones y la cultura de los vaqueiros, pero también poner de manifiesto las importantes desigualdades y necesidades que se sufren hoy en día en las poblaciones vaqueiras de las montañas. Los caminos siguen siendo de tierra, el alumbrado público no ha existido hasta hace cinco años... Normalmente, tu pagas tus impuestos y tienes derecho a una serie de cosas, pero esa norma aquí no existe.
¿Cómo se ve la sociedad vaqueira conforme a los avances tecnológicos?¿Se encuentran más atrasados?
Internet y las nuevas tecnologías prácticamente no existen aquí. Es una de las reivindicaciones de la asociación. No sólo no se han atendido las necesidades del pasado, sino que las posibilidades del futuro también están totalmente sin cubrir.
¿Internet, Facebook y las redes sociales están aún muy lejos de su alcance?
Internet es algo que se está pidiendo porque es muy importante. Así, ese aislamiento que se produce en las montañas se rompería y se podría, de alguna forma, conectar con todo el mundo. Desde la asociación utilizamos grupos de Facebook, "los vaqueiros de Alzada", que somos más de 1.100 personas de toda España y todo el mundo. Es una forma de conectar y compartir los orígenes y tratar de mejorar las condiciones de vida. No sólo por el bien de los vaqueiros, sino también por el bien de Asturias. Si no es así desaparecerán las breñas y una parte muy importante de la historia y la cultura tradicional asturiana.
¿Es cierto que se presentaron como candidatos al Premio Príncipe de Asturias?
Nos presentamos el año pasado al apartado que premiaba al "pueblo ejemplar", al que pueden concurrir asociaciones, pueblos, aldeas o también colectivos humanos. Podríamos haber presentado a la asociación pero eso de colgarse medallas no tiene mucho sentido. Nuestra intención es que se premie al colectivo humano de los vaqueiros de Alzada. Nuestro objetivo es que se reconozca la historia, que Asturias lo ponga en valor y que no se avergüence de los orígenes vaqueiros.

«Los vaqueiros están abandonados a su suerte, las brañas piden justicia social»


«Los políticos deben desarrollar planes de inversión específicos y dejarse de marcas turísticas, porque los vaqueiros pagan impuestos y ni siquiera tienen cubiertas las necesidades básicas»

GONZALO GAYO CORBELLA. PERIODISTA Y PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL DE LOS VAQUEIROS DE ALZADA Oviedo,

Ignacio PULIDO
Gonzalo Gayo Corbella, periodista de profesión y vaqueiro de corazón, es actualmente presidente de la Asociación Cultural de los Vaqueiros de Alzada. A lo largo de nueve años de actividad, ha luchado por recuperar las tradiciones, las costumbres y por devolver a este colectivo la dignidad arrebatada tras años de condena al más absoluto de los ostracismos.

-¿Están los vaqueiros abandonados a su suerte?

-Creo que sí y, además, un sí en mayúsculas. Resultan lamentables las condiciones en que se encuentran muchas brañas.

-¿Cómo se manifiesta ese abandono?

-Estamos en el siglo XXI y hace cinco años no había alumbrado público en muchas brañas. Hubo que pelear por ello, porque no había sensibilidad en los ayuntamientos. El asfaltado de los caminos ni se lo plantean prácticamente y cuesta sangre, sudor y lágrimas conseguirlo. Eso es importante porque la base de la economía de las brañas es la leche y los camiones no pueden entrar a recogerla, hay que salir a las carreteras y me parece un poco tercermundista.

-¿Está lastrando el progreso de los vaqueiros?

-Es una forma de seguir asfixiando su economía y crear un mundo aislado sin respetar sus derechos. Lo que se pide es justicia social e inversiones para las brañas.

-¿Dónde surge esta desidia?

-En el desconocimiento. La política se hace de un día para otro, y a los vaqueiros siempre se nos tuvo comiendo aparte. Es una mala actitud desarrollada durante siglos a través de los cuales hemos acumulado un déficit enorme de infraestructuras. El «plan E» no es sólo para hacer aceras en las poblaciones importantes, es también para abrir y asfaltar caminos, instalar alumbrado, saneamiento y traídas de agua, tareas que aún hoy están pendientes en las brañas. Me gustaría que los ayuntamientos implicados fueran conscientes de que hay que hacer un «plan V» para resolver los problemas de los vaqueiros.

-¿Hasta qué punto es palpable la ausencia de infraestructuras en las brañas?

-Por ejemplo, el agua se trae de las fuentes, los caminos en unos casos están arreglados y en otros sólo hay piedras. Eso tiene que cambiar ya, para ello están las ayudas que concede la Unión Europea al mundo rural. Los políticos deberían desarrollar planes de inversión específicos, hacerlos realidad y no dedicarse a marcas turísticas, porque los vaqueiros pagan impuestos y ni siquiera tienen cubiertas las necesidades básicas, que son de justicia .

-¿Qué hay de cierto y de ficticio en la Comarca Vaqueira?

-En principio, me pareció una idea muy interesante porque de alguna forma el nombre vaqueiro toma connotaciones muy positivas. No obstante, se ha quedado en lo fácil y lo cómodo. A lo mejor ahora, como gran proyecto, se plantean poner un cartel con una flecha indicando dónde está una braña. La cultura vaqueira supone un potencial económico muy importante para el occidente asturiano. La economía vaqueira ya no puede ser la misma de hace unos siglos y hay que buscar una salida. Además, se está dividiendo el territorio vaqueiro, que va desde Valdés hasta Somiedo. Deberían reconducirlo, pero si hay crítica se enfadan. Lo que pretendemos al final es que se hagan las cosas para las personas, no queremos dar lugar a enfrentamientos.

-¿Qué opinión le merece el Museo Vaqueiro de Naraval?

-Es un museo de xaldos. La vivienda no se corresponde con un hábitat vaqueiro y en la exposición se obvia la discriminación sufrida, incluso la que hubo en Naraval. La idea es buena, pero pasa como con la comarca, al final van a su negociado. Se debe hacer un museo en Aristébano, en la casa de Rogelia Gayo.

-¿Y el Festival Vaqueiro de Aristébano?

-¿Qué ha supuesto para Aristébano después de medio siglo? A lo mejor vender un día muchas cervezas, pero poco más. Se pueden hacer más cosas, como, por ejemplo, un museo o un centro de estudio. No es una crítica, es una propuesta. Una cosa es lo que hace la organización -que está muy bien, pero se puede mejorar- y otra lo que sentimos los vaqueiros. Además, sería bonito que se premiara a los vaqueiros de honor por haber contribuido en el desarrollo de este colectivo.

-Ustedes también entregan unos galardones anuales.

-Sí, nuestro primer premiado fue el párroco de Tineo, que escribió una carta parroquial pidiendo perdón a los vaqueiros «porque era de justicia». Con eso cicatrizaron miles y miles de heridas.

-¿Hacia dónde se dirige la comunidad vaqueira?

-El futuro empezó a labrarse hace un siglo, cuando muchos vaqueiros tuvieron que salir de Asturias buscando oportunidades. Por lo general, al mundo vaqueiro fuera del Principado le ha ido bien, porque son gente sacrificada, muy trabajadora e inteligente. Más del cincuenta por ciento de los apellidos vaqueiros están ya fuera de Asturias.

«La política se hace de un día para otro, y a los vaqueiros siempre se nos ha tenido comiendo aparte»

Gonzalo Gayo Corbella

Periodista de 46 años, nació en Valencia, pero tiene sus raíces en la braña de Argumoso (Valdés). Está casado y es padre de tres hijos.

Presidente de la Asociación Cultural de los Vaqueiros de Alzada.

Desde hace nueve años lucha por recuperar las tradiciones y las costumbres de los vaqueiros. Asimismo, reivindica un sentido de justicia que, según él, aún no se ha dado en cuanto a infraestructuras y condiciones de vida.
http://www.lne.es/asturias/2009/08/17/asturias-vaqueiros-abandonados-suerte-piden-justicia-social/796244.html

Un nuevo curso para salir de la crisis


Dicen que lo peor de la crisis ha pasado e incluso se celebra que los índices bursátiles se sitúan a niveles anteriores a octubre de 2008 cuando se desató el tsunami financiero que arrasó con millones de empleos perdidos hasta la fecha. Celebran los gurús de la economía que el BCE ha dado su brazo a torcer y hasta la inflación contribuye a no abultar aun mas las deficitarias cuentas del Estado.
Hay quien afirma que lo peor ha pasado cuando esta por llegar las soluciones a los millones de empleos perdidos en el mundo y la mayor hambruna en décadas que sufre un tercer mundo condenado a sufrir todas las injusticias y egoísmos de los países más ricos. Hablan quienes llevan las riendas del FMI o del Banco Mundial que se apunta una recuperación aunque la factura ha sido pagada con un sin fin de injusticias que sufren quienes menos tienen.
No menos sorprendente es escuchar la voz de alarma de quienes culpan al Gobierno de que tenga que hacer frente a la exclusión social provocada por este tsunami con una aportación para ampliar el subsidio de quienes nada tienen cuando ni tan siquiera esa cantidad llegaría a la categoría de migajas frente a las ayudas recibidas por las corporaciones y entidades financieras en España y el resto de países desarrollados para hacer frente a la crisis.
Ahora tocar pagar la verdadera factura de una crisis que explotó por la avaricia de unos pocos que especularon con la vivienda, el suelo, los alimentos, la energía y el empleo de millones de trabajadores. Pero mucho me temo que tanta codicia de unos pocos la pagaran los de siempre sino se actúa de una manera concertada desde todas las administraciones y agentes sociales, en España y en el mundo.
Muchos se preguntan cómo países como Alemania no ha destruido apenas empleo y ahora encabeza la incipiente recuperación de la economía europea. Me gustaría que ustedes escucharan o leyeran a los dirigentes empresariales alemanes a lo largo de estos últimos meses y entenderán la gran diferencia entre España y el resto de grandes países europeos. En Alemania el capital humano es lo más preciado en una empresa y su compromiso social forma parte de una cultura que compagina desarrollo económico y social. Mientras, por estas tierras aun tratamos de frenar la hemorragia abriendo aun más la herida tratando de abaratar despidos, precarizar más el empleo y descapitalizando del saber hacer a las empresas a golpe de ERE. Las grandes cúpulas empresariales españolas siguen demostrando su anclaje en un pasado y han demostrado con creces que son tanto o más responsables de la crisis por su incapacidad de liderar una salida desde el esfuerzo y la solidaridad como han hecho sus colegas alemanes, franceses, belgas o británicos.
Los silencios de la patronal y la falta de una profunda autocrítica siguen poniendo a los trabajadores en España en el liderazgo de la precariedad y el desempleo y como siempre la culpa será del gobierno de turno si este no es de su agrado.
La agricultura no es ajena a una crisis cortada por el mismo patrón de una especulación que ha asfixiado al campo. Con los precios de los productos de hace casi 20 años se ha tenido que hacer frente a unos costes infernales que han empobrecido aun más las rentas agrarias y que apenas alcanzan el 60% de la renta media del resto de ciudadanos.
Los hombres y mujeres del campo han tenido que hacer frente a todas las injusticias desde quienes acuerdan unos precios que no cubren ni los costes de las cosechas pasando por unas importaciones masivas de productos para hundir precios que permita una inflación que no agravará aun más una economía y permita recortar los tipos de interés. Y mientras, los burócratas de Europa se lavan las manos con una PAC que trata de beneficiar a los pocos de siempre mientras hunde en la miseria al pequeño y mediano productor, especialmente en la cuenca mediterránea. Una reforma de la PAC con la que se quiere pagar una ampliación de la UE ‘a la alemana’.
Mucho va a tener que trabajar la presidencia española de la UE en el primer semestre de la UE si se quiere cambiar el rumbo de una agricultura condenada a desaparecer sino se actúa con urgencia y para ello es preciso que las organizaciones agrarias se batan en todas las mesas de negociación para que la agricultura ocupe el lugar que le corresponde como sector productivo estratégico en la economía, desarrollo sostenible y la salud de una población frente a una globalización mal entendida en la que parece que todo vale.
Comienza un nuevo curso en el que debemos ser conscientes de que de esta crisis debemos salir desde el esfuerzo de todos para fortalecernos como país y una sociedad más justa y prospera. Una salida que debe ser para todos y especialmente para quienes más la han sufrido sin beberlo ni quererlo y especialmente en una agricultura que sin duda será uno de los valores de las sociedades más prosperas en el futuro ante la creciente demanda de productos de calidad y en fresco. La agricultura y ganadería ecológica, las energías renovables, la acuicultura, la responsabilidad social de los empresarios, la unidad de las administraciones serán sin duda protagonistas de un nuevo tiempo en el que también la solidaridad en el progreso de todos pongan fin a una crisis que no se mide con índices bursátiles y si en la justicia hacia las personas. En la medida que hagamos justicia al esfuerzo hacia nuestros agricultores, a quienes de sol a sol cuidan del ganado, tratando de arrimar el hombro con quienes han perdido un empleo habremos aprendido la lección de una crisis que trato de eliminar los valores de una sociedad a cambio de treinta monedas ganadas a golpe de especulación y que van a parar al bolsillo de unos pocos.
Gonzalo Gayo