lunes, 18 de mayo de 2009

AMBICION PARA HACER FRENTE A LA CRISIS



Va siendo hora de ponerse las pilas ante una crisis que empieza a tener una clara salida del túnel. Va siendo hora de la ambición de progreso en un nuevo tiempo, de la valentía necesaria para apostar por nuevos sectores productivos generadores de empleo y riqueza y de afrontar juntos los esfuerzos necesarios para salir de la crisis.
Ha llegado la hora de estimular con todos los apoyos necesarios la inversión, el consumo interno, la capacidad de generar el empleo y especialmente el autoempleo con más derechos y facilidades para los autónomos.
Es hora de premiar a quienes mantienen firmes sus compromisos sociales como empresarios y a los trabajadores dispuestos a arrimar el hombro. Es la hora de apostar por los grandes acuerdos porque juntos saldremos fortalecidos de una recesión que ha visto desmoronarse el castillo de naipes de la construcción. Una crisis de la que ya hemos pasado lo peor pero que tiene ante si el gran reto y esfuerzo de generar empleo y riqueza tras sufrir la destrucción de un millón de puestos de trabajo.
La España de hoy, la que sufre un 17% de desempleo tras el derrumbe del castillo de naipes de la construcción es la primera potencia europea en agricultura ecológica y figura entre los tres países del mundo que lideran la energía fotovoltaica, solar y eólica, Además de disponer de las empresas más preparadas en el mundo en el desarrollo de las desaladoras que permitirán en el futuro poner en valor nuevas zonas de progreso e el mundo.
Son sin duda sectores de futuro que marcarán el camino en el mundo ya que la economía será cada día más independiente de un petróleo en manos de unos pocos para pasar a una producción más democrática y respetuosa de la energía con las renovables. En esa revolución energética y medioambiental España es líder y sin duda será un nicho de empleo en la medida que sepamos internacionalizar estos sectores emergentes para generar más empleo y riqueza. Es preciso también ahondar en nuevos sectores de la biotecnología, de las ciencias de la información, del desarrollo del mundo rural en una economía que acentúa cada día sus pigmentaciones verdes y que también afectarán al resto de sectores tradicionales en su necesaria evolución y modernización.
En este proceso evolutivo es precisa una clara apuesta de la industria del automóvil por nuevos prototipos de vehículos eléctricos y de hidrógeno. Hemos de pasar de una economía basada en el petróleo a una nueva era en el que las energías renovables permitirán que los consumidores seamos también productores de energía. Los coches eléctricos podrán generar su propia energía y hasta incluso los hogares serán mini factorías energéticas capaces de autoabastecerse.
La agricultura ecológica será un pilar básico en el desarrollo de nuevo empleo y productos por lo que se deberán estudiar el valor añadido con nuevos productos, elaborados o semielaborados a pie de campo, con unidades móviles que limpiaran y envasaran en fresco para en apenas unas horas estar en los puntos de venta de medio mundo. Ya se esta haciendo en Andalucía, donde jóvenes empresarios han puesto en marcha proyectos innovadores que permiten elaborar un sinfín de productos mediante sofisticados traileres a modo de embajadoras e industria móvil que se traslada de campo en campo.
España debe apostar con claridad por el valor añadido en la agricultura ecológica y una gran alianza con la industria alimentaria. Los agricultores deben poner en valor su esfuerzo y los riesgos que asumen en sus cosechas en un comercio justo en el que Bruselas debería ser garante de la renta agrícola como hace en otros sectores.
La crisis nos ofrece la oportunidad de elegir el nuevo rumbo que debe tomar la economía, en un nuevo modelo que de respuestas a los grandes retos que plantea el mundo así como la necesidad de depurar excesos y errores cometidos en el pasado.
Errores de los que cabe aprender y que se sustentan como casi siempre en la especulación y dinero fácil que durante un tiempo han prevalecido en la construcción, materias primas, energía, los mercados financieros de renta variable y en las cadenas distribución de los productos agrícolas. A esa lacra de la especulación, también habrá que ponerle barreras mediante políticas fiscales e incluso la expropiación de aquellos bienes que afecten a derechos de los ciudadanos, como ocurre en el suelo para hacer vivienda.
Las administraciones deben potenciar una fiscalidad que deberá premiar las inversiones generadoras de empleo y riqueza frente aquellas que buscan desesperadamente unas plusvalías especulativas.
Estamos ante un nuevo tiempo, del que se apuntan ya algo más que brotes verdes, siendo estos pilares sobre los que se debe asentar una economía sólida y generadora de empleo y riqueza basada en la independencia energética del petróleo, con alto valor añadido y dirigida en sus productos a las necesidades de las personas.
La nueva economía del siglo XXI aun debe explorar nuevos nichos de empleo en la atención a las personas dependientes, con nuevos servicios a las personas mayores y la aportación de estas con su experiencia en el desarrollo de nuevos jóvenes emprendedores. Una nueva economía en el que el poder local será determinante por su proximidad a los ciudadanos a la hora de articular respuestas a cada reto desde el apoyo del resto de las administraciones.
Queda mucho por hacer, sin duda, pero lo cierto es que estamos en el camino de conseguir que por fin la economía española se impregne de nuevos valores, de sólidos pilares de presente y futuro y de la necesaria cultura de la concertación y el acuerdos para que juntos salgamos de una crisis que empieza a apuntar las nuevas oportunidades que se avecinan en un nuevo tiempo.
Gonzalo Gayo