lunes, 30 de marzo de 2009

Más dinero a quien produce y menos a quien especula


El FMI advierte que la crisis económica no podrá resolverse hasta que se solucionen los problemas del sector bancario, y no parece faltarle razón si bien no todos coincidimos con las medidas y hoja de ruta adoptada. Hasta el momento, los paquetes de estímulo de todo el mundo ascienden a un 1,6-1,7% del PIB mundial en tanto en EEUU el conjunto de ayudas puestos sobre la mesa de la administración Obama representan casi el 30% del PIB estadounidense. Y es que gran parte de las medidas que triturará el sistema bancario debería dirigirse en primer lugar a sanear el sistema productivo y estimular la economía domestica.
El sistema bancario y la crisis que sufrimos a nivel global requieren de una catarsis profunda y rápida del sistema financiero, estimulando los procesos de fusiones con ayudas fiscales y en su caso con la intervención del Banco de España en las entidades en riesgo. Esta catarsis del sistema es necesaria para despejar el camino que permita normalizar el funcionamiento futuro del sistema bancario. En este sentido, el modelo que esta aplicando la administración española será sin duda más efectivo que otros en los que se pone casi un cheque en blanco para el sector, como ocurre con la administración Obama. Así pues no es de extrañar que el presidente norteamericano Barack Obama consiguiera el respaldo a medias de los principales banqueros del país para deshacerse de la deuda o los activos tóxicos. Una basura que menguará los recursos públicos disponibles y elevará la deuda norteamericana hasta niveles insospechados sin garantías de que se llegue a tiempo de salvaguardar al sistema productivo de las secuelas colaterales de esta crisis y todo para simplemente dar mas liquidez al sistema cuando hay otros caminos.
Con ayudas de todo tipo que representan casi el 30% del PIB norteamericano, parece que los grandes beneficiarios serán los causantes del terremoto financiero y los especuladores cuando en realidad deberíamos centrar nuestra atención en el giro de 180 grados en la estrategia productiva del sector del automóvil o como alcanzar la necesaria independencia energética del petróleo. Y es que afrontamos un nuevo paradigma, una nueva economía que de respuesta a los retos del futuro en materia energética, en la distribución de la riqueza e incluso en el desarrollo de continentes enteros que han sido condenados a la nada como ocurre en África. No es posible un futuro en el que el 20% de la población en el mundo tenga el 80% de los recursos y la riqueza del planeta.
El esfuerzo que destinan los gobiernos no puede perderse en el enorme agujero de la especulación para tapar agujeros, sino en fortalecer los cimientos de una nueva economía que reclama ayudas para su transformación. De hecho, la misma especulación que arrasó los mercados de renta variable y los balances de las cuentas bancaria ahora se ceba en las subastas de bonos y deuda publica penalizando a países en vías de desarrollo o incluso aquellos cuya fuertes dependencias como ocurre en Finlandia o Austria con primas de escándalo.
La necesidad de identificar a especuladores y paraísos fiscales que distorsionan los mercados y que acaban por arruinar países enteros debería ser objeto de una mayor dedicación por parte de las policías financieras del mundo a fin de proceder a la intervención de dichas cuentas. También es necesario establecer las responsabilidades y penas a quienes han jugado a la tómbola con el dinero ajeno ya que no puede quedar impune la enorme estafa global causada por la avaricia de unos pocos y que pretenden que ahora paguemos todos.
El mensaje clave que debe partir de todos es que estamos juntos en esto y para ello la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) de esta semana en Londres debe ser el arranque de una salida de la crisis consensuada, atendiendo a los más necesitados e inyectando liquidez al sistema productivo y las familias tras, incluso sentar en los consejos de administración a representantes públicos en las entidades financieras que han recibido ayudas. No es de recibo que el G 20 haya retirado de la agenda el paro como uno de los temas a abordar mientras se esta inyectando ingentes cantidades de recursos para salvar la cara de unos cuantos ejecutivos bancarios.
La creación de un observatorio mundial del sistema financiero, productivo y empleo, la transformación y remodelación incluida del FMI así como los bancos centrales, una cesta única de divisas, la potenciación de nuevas áreas de desarrollo en África e Iberoamérica, la adopción del hidrogeno y energías renovables como las nuevas fuentes energías del futuro, la necesidad de una alimentación y agricultura ecológica o las necesarias mejoras medioambientales son y serán los nuevos pilares de un desarrollo sostenible y un nuevo tiempo.
Sin embargo, hoy por hoy seguimos hablando de la importancia de que los activos tóxicos de los bancos nos lo comamos entre todos para que los bancos comiencen a prestar dinero de nuevo. Sin embargo, no podemos, ni debemos condicionar un nuevo tiempo a la salida de algunos bancos causantes de esta crisis destinando ingentes cantidades de dinero para tapar agujeros como si no hubiera pasado nada. El esfuerzo y ayuda del sector publico debe destinarse a los bancos que actuaron con cautela y solvencia para evitar los efectos de esta crisis mientras debe penalizarse a aquellos que actúan sin escrúpulos e incluso sus directivos cobran primas tras las ayudas recibidas del gobierno, especialmente importante tras el escándalo de la aseguradora AIG.
Los verdaderos planes de futuro serán las ayudas al sector automotriz, uno de los más afectados por la crisis, para poner en marcha nuevos prototipos en la era del hidrógeno que sustituya a los carburantes y que evitará la quiebra de las grandes corporaciones, si bien surgirán también otras más ágiles a la hora de adaptarse a los nuevos tiempos.
Es también necesario que en este nuevo orden mundial China asuma un nuevo papel de liderazgo y cooperación leal ya que gran parte de la crisis actual mundial se la debemos a su crecimiento sin control, devaluaciones, mano de obra barata, exportaciones sin cuartel e importaciones a cuenta gotas y todas las ayudas posibles con recursos públicos a su sistema productivo. El hundimiento de gran parte de la economía mundial se la debemos a este crecimiento desbocado de China y que provocó el mayor encarecimiento de materias primas en el último siglo y el mayor empobrecimiento de los países mas pobres. No se trata de colocar a China en el ojo del huracán pero si en la necesidad de que forme parte del liderazgo de países para salir de esta crisis desde la unidad, cooperación, lealtad y apertura de sus mercados.
En nuestro país, este fin de semana el Banco de España decidía tomar el control de la Caja Catilla-La Mancha, en dificultades en lo que es la primera medida de este tipo en España desde el inicio de la crisis financiera. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se reunió de forma urgente para estudiar la autorización de esta operación, mediante la aprobación de un decreto ley que garantice la financiación de Caja Castilla-La Mancha. Se trata pues de la primera intervención de una gran entidad financiera española desde el inicio de la crisis y desde que en 1993 el Banco de España asumiera el control del Banco Español de Crédito (Banesto), que adquirió posteriormente en subasta el grupo Santander tras dar por fracasadas las negociaciones para la fusión de Caja Castilla-La Mancha con la andaluza Unicaza. Una intervención que pone en evidencia la seriedad de un sistema financiero español que hoy es la envidia de medio mundo por su solidez y sistemas de control, no descartando la necesidad de depuraciones de aquellos que gestionaron mal.
Gonzalo Gayo