lunes, 7 de diciembre de 2009

SALVAR EL PLANETA



Los países industrializados y las potencias emergentes han anunciado en los últimos meses planes para limitar sus emisiones de dióxido de carbono (CO2), pero la realidad es que ni en el mejor de los casos se llegaría a los niveles aconsejados para salvar el planeta. La cumbre del clima de Copenhague que se celebra estos días evidencia que hace falta un mayor esfuerzo. En el informe de Nicholas Stern estima que el cambio climático podría suponer para la economía mundial un coste mayor que el coste total de las dos guerras mundiales y la Gran Depresión.
Si todo sigue igual, es probable que hasta 4.000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, sufran una seria escasez de agua, debido en gran parte a la reducción del 60% de los glaciares en el hemisferio norte. También habría un aumento en la sequía y la desertificación.
Esto tendría un impacto devastador en la producción agraria y en nuestra capacidad para alimentarnos. Además, previsiblemente daría lugar al desplazamiento de un gran aumento de personas: se prevé que, para 2050, pueda haber hasta 200 millones de emigrantes debido, ni más ni menos, al aumento de los niveles de mar y sin contar las impredecibles oleadas humanas provocadas por la falta de agua.
España está en la primera línea del frente del calentamiento y será el país europeo en el que más se reducirá la precipitación si no se limitan las emisiones de gases de efecto invernadero. Así lo establece el informe Ensembles, de la Comisión Europea y en el que 66 institutos han aplicado a Europa los últimos modelos de predicción del clima. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) predice que eso supondrá una reducción de lluvias de entre el 20% y el 25% a final de siglo lo que sin duda tiene unas consecuencias en la agricultura y tambien en el medio ambiente.
En los próximos años, el Guadalquivir tendrá un 8% menos de caudal, según la instrucción de planificación hidrológica que ha hecho el Ministerio de Medio Ambiente Rural y Marino. Los hay peores: el Guadiana perderá un 11%. Y mejores: el caudal del Ebro disminuirá un 5%, el Duero un 6% y el Tajo un 7%. Las previsiones que hacen los expertos señalan que para mitad de siglo el Guadalquivir habrá perdido ya un 15% de su caudal actual y sin embargo las necesidades crecen y los episodios de sequías amenazan.
Las inversiones verdes son precisamente la clase de inversiones que necesitamos si vamos a crear una economía más estable, sostenible y más previsible en el futuro. La buena noticia es que los países, regiones y empresas que reconocen y aceptan ahora el reto de adaptarse a la nueva economía baja en carbono del futuro serán los más competitivos y prósperos.
El mercado mundial de bienes y servicios medioambientales y bajos en carbono ya está valorado en unos 3,3 billones de euros. En el Reino Unido supone el 7,4% de nuestro PIB y da empleo a unas 880.000 personas. En 2008, por primera vez la energía verde superó a los combustibles fósiles en lo que respecta a las inversiones mundiales en la generación de energía, de las cuales la energía eólica, la solar y otras tecnologías limpias representaron inversiones de 94.000 millones de euros (en comparación con los 74.000 millones de euros invertidos en gas y carbón).
Empresas españolas de energías renovables están consiguiendo gran parte de esos nuevos negocios, ayudando a mantener unos 200.000 puestos de trabajo españoles, y los planes recientemente anunciados por el Gobierno de ampliar tecnologías establecidas tales como la energía eólica, así como tecnologías punta tales como la energía termo solar, demuestran que esa cifra puede aumentar considerablemente.
La comunidad internacional tiene que actuar ahora, con visión y determinación. La Cumbre de Copenhague tiene que lograr un acuerdo integral y políticamente vinculante con cifras y compromisos claros.
Los negociadores del clima y los políticos deberán llegar a un acuerdo sobre la manera de limitar el calentamiento global a 2 grados Celsius (2ºC) y de reorientar la economía mundial para que en 2050 las emisiones globales de carbono se reduzcan en al menos un 50% comparado con los niveles de 1990. Sin embargo, la modestia de los compromisos expresados ha sido duramente criticada; mientras Washington ofrece una reducción de un 17% de GEI con respecto a los niveles de 2005 para el 2020, China espera reducir un 40% de sus emisiones por cada unidad del PIB para el 2020, disminuyendo su “intensidad de carbono”. La ONU calcula que los países ricos, que son los grandes responsables, deberían reducir sus emisiones entre un 25% y un 40% en el 2020 con respecto a los niveles que había en 1990. A más largo plazo, hacia el 2050, la reducción debería llegar al 50%. Entre los ricos, sin embargo, solo se muestran dispuestos a intentarlo la UE, que propone una reducción del –20% en el 2020 (–30% si el esfuerzo es compartido internacionalmente), y Japón (–25%).
Los científicos advierten que cuando un niño nacido hoy cumpla 50 años, el mundo podría haberse calentado hasta 2,5ºC por encima de los niveles preindustriales. Esto desencadenaría dramáticos cambios que alterarían radicalmente la forma en que vivimos. En nuestras manos esta evitarlo. Juntos podemos lograrlo.

Gonzalo Gayo