lunes, 27 de octubre de 2008

Valentía para salir de la crisis


Esta crisis no la resolveremos inyectando a los bancos ingentes cantidades de dinero público, ni amedrentándonos ante el derrumbe de las bolsas. Esta crisis no se resuelve con una foto del G8, G28 o del 38. Esta crisis no hay quien la pare si seguimos esperando que los gurús acierten a toro pasado mientras las empresas echan a la calle a miles de trabajadores. Esta crisis tendrá los días contados cuando seamos conscientes de que es necesario afrontar nuevos escenarios, resolver los graves errores cometidos y dar respuesta a los grandes retos con valentía y grandes dosis de solidaridad.
De momento, la tormenta no ha hecho más que empezar si no somos capaces de afrontar un nuevo tiempo que acarreará profundas transformaciones. Hasta el momento, las medidas adoptadas no han hecho más que echar un poco mas de gasolina a una situación que era explosiva a medida que los balances sacaban a relucir una enorme burbuja fruto de la especulación de más de quince años en la banca, y también en constructoras y otros sectores. Las primeras medidas anunciadas por EEUU han tenido el efecto contrario, creando más incertidumbres y desencadenando el efecto dominó en Europa, Asia y ahora en Iberoamérica. Mientras en la UE anunciaba inyecciones de capital y avales al sistema financiero, en el continente americano Bush, Hugo Chaves y ahora Cristina F. Krisner coinciden en poner sobre la mesa la necesidad de afrontar la crisis a golpe de nacionalizaciones, unos echando un cable a la banca norteamericana, otros aprovechando la ocasión para echar el lazo a las empresas extranjeras.
Hasta el momento, la falta de cordura y de iniciativas se ha diluido en fotos de familias, cumbres y minicumbres que ponen de manifiesto la falta de un análisis serio sobre la situación mientras algunos se entregan a los dictados de la banca en cuyos balances se encuentra el epicentro de la primera gran crisis del siglo XXI.
Como combatir esta crisis es sin duda la pregunta del millón. Para empezar, el Gobierno, o los gobiernos, deben apoyar la economía real antes de inyectar ingentes cantidades de dinero para tratar de maquillar los balances de las entidades financieras en una aparente liquidez del sistema. Es urgente aplicar medidas que estimulen la creación de empleo y sobre todo premiar sin reservas a las empresas dispuestas a arrimar el hombro, a no despedir empleados o tratar de minimizar este coste social con ayudas a la inversión productiva y reducción de cargas que debe propiciar las administraciones. Ese gran paquete de medidas debería estar ya encima de la mesa, anunciadas y aprobadas en los sectores industriales y la construcción, así como un plan de ‘burocracia cero´ para la creación de empresas. Hoy en España una empresa necesita cientos de actos administrativos, boletines, y papeleo para poder crear puestos de trabajo. No se puede por más tiempo justificar el trabajo de tantos burócratas de las administraciones a costa de poner freno a la creación de empresas.
En el sistema financiero no cabe otra medida que garantizar depósitos y sobre todo favorecer las fusiones entre las entidades financieras, especialmente en las cajas. No hay más tela que cortar y el único aval posible del gobierno es facilitar la compra de entidades que no superen la prueba de fuego de esta crisis. Las entidades financieras están llamadas a un proceso de fusiones, especialmente entre las cajas de ahorro y cajas rurales ya que la banca española afrontó este proceso en los tiempos de Solchaga si bien aún queda recorrido y alguna que otra sorpresa con dos grandes protagonistas BBVA y BSCH.
En el sistema energético el principal reto, ineludible e inaplazable, es hacer frente a la dependencia energética. Ya hemos tenido demasiados avisos en forma de cambio climático, en precios del petróleo inasumibles por el sistema productivo, en la escasez anunciada frente a la voracidad de nuevas potencias económicas dispuestas a que la máquina de hacer billetes no pare con tal de saciar sus necesidades en materias primas. Los enormes desajustes, desequilibrios, amenazas e hipotecas que genera el petróleo obligan a echar los restos en potenciar la energía renovable pero también en la energía nuclear. Lo contrario sería una grave irresponsabilidad de quienes no asumen que, nos guste mucho, poco o nada, la energía nuclear es hoy por hoy la única salida real que permitirá garantizar en gran medida la independencia energética. Teniendo presente que una central tarda 12 años en construirse es urgente abordar este asunto ya que España debe doblar su capacidad nuclear allí donde en la actualidad existan centrales, garantizando esta energía un precio constante y competitivo para el sistema productivo. Lo contrario, y el tiempo lo dirá, será la creación de más paro, desigualdades sociales y enormes bolsas de pobreza. Para afrontar esta crisis debemos tener claro cuál es nuestro modelo energético en el que se limite nuestra dependencia exterior a no más del 20%. La combinación de energías renovables y nuclear es la única receta y por cierto son las que menos contaminan frente al petróleo.
Sorprende también que pese a la galopante crisis de la construcción aun no conozcamos una sola respuesta que permita un cambio en la orientación que evite la destrucción de empleo. Es hora de poner en parrilla de salida los grandes proyectos en infraestructuras especialmente en el transporte por ferrocarril, en puertos y aeropuertos. Es hora de decir a los gobiernos centrales, autonómicos y locales que echen mano de todo el suelo disponible para construir viviendas sociales que satisfagan las necesidades y puedan ser pagadas. Hoy en España la repercusión del suelo en el precio final de la vivienda es de 44%, con lo cual se pueden construir pisos a casi mitad de precio si el gobierno pone el suelo.
Y llegamos a la agricultura, a la que los burócratas de Bruselas quieren poner el cascabel de los recortes, sin saber que detrás de la agricultura que tratan de hundir están los pilares de la sociedad europea y las garantías necesarias para el desarrollo sostenible y saludable del viejo continente. Pocas actividades como la agricultura merecen el reconocimiento al esfuerzo de sus gentes y el servicio que prestan a la sociedad. Si queda un poco de sensatez y menos ganas de ponerse galones en reconversiones sin sentido, los máximos responsables de la agricultura en Europa, que se reúnen este martes en Bruselas, deberían arbitrar las necesarias medidas que permitan garantizar precios justos para los productores, incentivar el relevo generacional y fomentar los productos, entre otros, de la cuenca mediterránea donde se encuentra el verdadero granero de la Europa. La agricultura ha sido utilizada en demasiadas ocasiones como moneda de cambio para facilitar las exportaciones de la industria del norte de Europa hacia nuevos mercados. Es hora de que la agricultura deje de ser la cenicienta y juegue el papel que le corresponde como factor de desarrollo rural, de preservación del medio ambiente, de la necesaria calidad alimenticia y del progreso de una potente industria alimentaria con un futuro cada vez más importante en el mundo. Queda mucho por hacer, sin duda, para salir de esta crisis pero para este nuevo tiempo es necesaria una gran valentía y bastante dosis de solidaridad.
Gonzalo Gayo
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